ALFORJAS Y MARIONETAS POR COSTA RICA

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Gracias a las charlas que realicé en Madrid conocí a Walter. Un profesor de vocación, implicado con su mundo y empeñado en hacerlo mejor. Este año, decidió apuntarse al equipo de yoslocuento, darle un giro a sus viajes y aportarle un punto solidario. Construyó unas marionetas, preparó un teatro con ellas y se marchó a Costa Rica con la bici, las alforjas y ganas de regalar sonrisas. Aquí se presenta. Más adelante nos contará como han ido esos teatros de marionetas por los colegios y zonas desfavorecidas.

Viajo para ver el mundo, para conocer otros mundos. Y lo hago en bicicleta porque propicia, sobre todo, ser una bicilenta, permitirme disfrutar con los cinco sentidos de la experiencia del viaje. Me gusta asomarme a la vida de otras personas, a paisajes y culturas diferentes para aprender y profundizar en la certeza de que, ante todo, soy un ciudadano del mundo y recordar que, por ende, los demás también lo son.

Viajo con títeres en mis alforjas para que también ellos vean el mundo y que éste, a su vez, les vea a ellos. No todos los niños, no todas las personas, han disfrutado una función de títeres alguna vez. Me considero, por lo tanto, un privilegiado al poder ser el responsable -el mediador, el puente- entre la realidad que nos circunda -y a veces nos muerde- y la fantasía que se despliega cuando los títeres toman nuestras manos y conciencias.

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Títeres y alforjas nace como un proyecto de compensación. Tras muchos años veraneando en bicicleta por distintos países, sentí que debía devolver parte de la hospitalidad y ayuda que había recibido a mi paso por países empobrecidos. Decidí que mi moneda de cambio sería la sonrisa, la alegría y, por qué no, la reflexión sobre temas que me preocupan.

Viajar no tiene por qué ser sinónimo de hacer turismo. El turismo se ha convertido en un nuevo arma de destrucción masiva de los territorios y las gentes. No quiero seguir haciendo turismo. Soy consciente de que es muy difícil escapar de ello, pues hay un consolidado y expansivo mercado que nos induce a consumir, de manera precipitada y frívola, lugares y experiencias. Es hora -lo lleva siendo hace mucho tiempo- de crear una nueva conciencia del turismo, de hacerlo sostenible y respetuoso. Y a esta labor la bicicleta tiene mucho que aportar.

Por todo esto (y por alguna que otra razón más), llevo títeres en mis alforjas y viajo en bicicleta.

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