Etapa 33: Nykoping-Estocolmo

Plantearse un proyecto y poder realizarlo es algo indescriptible. Hoy 15 de agosto, he puesto pie a tierra después de 33 etapas. Estocolmo es una realidad.

El día anterior he dormido en una casa peculiar. A pie de carretera. David un chico de 22 años vive de alquiler ahí y ha realizado decenas de couchsurfings en los últimos meses. Una casa vieja de madera con mucha vida juvenil.

El sol brillaba fuerte a las 9:00 de la mañana. Parecía que esta vez si iban a acertar los del tiempo. Pero sin haber llegado al centro de Nykoping ya se ha cubierto el cielo y el viento ha enfocado sus soplidos en contra toda la etapa. Supongo que las ganas de llegar, acompañadas del cansancio y el mal tiempo han hecho que la etapa se haya hecho larga.

Última vez que aprieto esos pulpos o me pongo la ropa de bici en el viaje. Eso implica muchas cosas y la más importante es que el proyecto que empezó el 1 de julio en Atenas se acaba. Siento pena al escribirlo y soy consciente de que ya no volveré a ver a muchas de las personas que he conocido en el viaje. Es como si el hecho de andar en bici en la ruta que ellos hacen, mantuviera un hilo invisible conectado a mi y que al poner el pie en las baldosas de Estocolmo, el vínculo se rompiese de golpe.

La etapa ha trancurrido por la 223 hasta Sodertalje, ese ha sido el punto en el que la etapa no sumaba si no que restaba mirando a la capital sueca. De ahí tenía varias rutas para llegar, ya que aunque no lo parezca hay muchas islas en Suecia, Estocolmo es una de las denominadas Venecia del norte. Para llegar a ella hay que cruzar numerosos puentes. Una de las rutas me llevaba por Alby, al cruzar ese puente el teléfono estaba a punto de quedarse sin batería y aún me quedaba un largo callejeo hasta llegar a casa de Sandor. Estaba seguro que no iba a llegar con bateria y justo en ese momento, Alpo un finlandés de unos 75 años, me hace señas desde el otro lado de la rotonda. Me acerco a el y me dice que le siga que va hacia el centro. Cosas del destino que no quiero entender, simplemente me he puesto a seguirle. Tras una conversación curiosa de sus viajes me deja en un sitio donde ya no hay perdido, tal como ha llegado se va.

Me quedan los últimos 10 para regoderame en la llegada, grabarlo, sacar fotos y respirar tranquilo, objetivo conseguido.

Desde Gamla Stan voy a casa de Sandor, un joven con una paz interior muy grande, que me acoge en su casa y con el que he conversado toda la tarde.

122km sobre un total de 3792km: Atenas-Estocolmo.

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