FAMILIA OTHMAN

Familia Othman

A esta familia tuve la suerte de conocerlos en Quíos. Ellos son Mohamad y su mujer Syham, su hijo Ahmad con su esposa Kamar, y los tres nietos, Osama, Yaman y Razan. Charlar con ellos fue uno de los mejores ratos que pasé en el campo de Souda. Espero volver a hacerlo.

Hace poco Amnistía internacional colgaba en su facebook la entrevista que ha hecho a esta familia. Para mi verlos es una mala noticia, ya que después de tres meses siguen estancados en Quíos en busca de una solución. Al igual que miles de personas. La primera vez que hablé con Mohamed fue un día que repartíamos comida. Los refugiados se manifestaron pidiendo mejores condiciones y se negaban a comer. Les decíamos que nosotros eramos voluntarios y que la comida salía del esfuerzo de muchas personas ajenas a los gobiernos. Frente a los carteles en árabe e inglés estaba él, con esas arrugas profundas en la cara y la sensación de cargar con toda la sabiduría de Allepo. “¿Sabes lo que pone?”, me preguntó en inglés. En ese momento ya supe que quería sentarme a hablar con él. Gracias a Rami, a los días me invitaron a su contenedor y conversamos durante dos horas. Me contaron su camino y sus reflexiones. Son estas.

Empiezan el 16 de enero. Tienen que dar una vuelta enorme para poder ir al otro lado de Allepo y evitar pagar la aduana interior ya que son 7 miembros en familia. 9 días para evitar carreteras cortadas en coche. Raqq, Talmira, Damascos, Homs, Idlib, Hurbit al Yeos. Se han encontrado 44 puntos de control llevados por miembros de los diferentes bandos. En cada uno les extorsionan, amenazan o quitan algo. En el último les piden 5000€ o les matan en el desierto.

Al día siguiente cruzan frontera con un traficante y caminan días hasta un pequeño pueblo. Estaban muy cansados y temían perder a su mujer. El traficante les pide que esperen que va a comprobar algo, pero en realidad les lleva a la policía, les ha mentido y les devuelven a Siria. Así que repiten de nuevo y caminan otros 9 días. El padre tiene una angina y tienen miedo. Pagan a otro traficante, esta vez de Yebedenostra, les llevan hasta Adana con bus. Esperan una semana para ir a Esmirna.

Van dos veces para negociar encuentro con traficante, se quedan con el menos malo. Les cobra 3500€ y tienen que esperar una semana. Ese día están cuatro horas esperando en un sitio oscuro para que les lleve una furgoneta y van 35 personas en ese vehículo. Salen esa noche, en la orilla el traficante se deshace de sus maletas para que haya menos peso. La barca no está en la orilla, si no a unos 25 metros en el agua, está fría y es de noche, viaja con dos ancianos y tres niños, así que Ahmad tiene que llevarles uno a uno. El traficante le apremia y le dice que no espera. Ahmad cuenta que fueron momentos agónicos porque caminar por el agua 6 veces ida y vuelta, pensando que en uno de esos viajes le dejaban con parte de su familia. Sólo tienen esa oportunidad, sabían que otros han tenido que intentarlo hasta 5 veces y temían que les ocurriese lo mismo. Si no lo conseguían en esa, tendrían que volver a Siria. Lo consiguen y llegan el 31 de marzo.

Pasan 10 días en Quíos para registrarse y constar como emigrantes en algún papel, ya que si no lo hacen, no existen.

Quieren ir a Dusseldorf, porque dicen que hay un buen hospital y educación y su hermana que vive en Holanda está cerca.

Se escapan porque los colegios ya están cerrados o derruidos. Buscaban sitios donde estar a salvo, pero cada vez había menos. Una cosa es estar a salvo en Siria en una zona rural y otra que allí puedas seguir trabajando, estudiando y desarrollar la vida que hacías antes. Plantaban su propia comida. Allí el Daesh te detiene por todo y tenían mucho miedo. Incluso había cajas en la carretera con gente que el Daesh metía dentro para dejarles morir a la vista de todos. Y si intentabas salvar a alguno acababas en otra caja. También gente en cruces que al morir las tiraban a la basura.

La guerra no sólo es eso, es que además todo el mundo tiene problemas con alguien. Al final todo el mundo es responsable de que se hayan destruido tantas casas y personas. La vida no vale nada. Antes de reconstruir al país, habrá que reconstruir a las personas. Por ejemplo, tres hijos de un hombre, cada uno era de una facción y algún día terminarían matándose entre ellos. O una familia entera murió porque el Daesh no deja fumar y mandaron a un chico matar a su padre por hacerlo.

Si Siria volviese a ser la misma, regresaríamos, pero no creo que eso ocurra. Somos como un hombre que llora en una cueva, pero nadie te ve ni oye.

Si quieres vivir en paz hay que respetar a los demás.

Si odias a tu propia familia, te odias a ti mismo, incluso los animales respetan a su familia.

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