Etapa 27: Lübeck-Rostcok

Última etapa en Alemania. Dejo un país que me ha brindado muy buenas experiencias con refugiados.

A las 8:30 salía a Adler strasse, la calle empedrada de Lübeck donde hemos dormido. Se nota que es lunes y la calma de ayer se transforma en calles vivas de gente, bicis y coches. El cielo está cubierto de nubes que amenazan lluvia. El viento azota las banderas desde el oeste y hoy el rumbo es hacia el este. Será la primera vez que sienta el viento trasero.

Sheila saldrá más tarde en tren, desde Hauptbahnthof, que es estación central en alemán. Con el recuerdo de la conversación con los iraníes arranco la etapa. La idea es llegar rápido a Rostock para no hacer esperar mucho a Sheila, comprar algo para cenar y desayunar mañana ya en tierras Nórdicas.

El viento ayuda a rodar y con la sensación de no tener que luchar cada kilómetro me dejo llevar hasta el kilómetro 71 de etapa, justo ahí, en Benz, un pequeño puesto de salchichas y hamburguesas sirve de parada para coger aire y sacar una foto a la bici en el kilómetro 3000 de proyecto. Estoy feliz, hoy cierro la etapa de Alemania, también otro millar de kilómetros y con la sensación de que el objetivo está cumpliéndose mejor de lo que me había propuesto. Mucha gente se ha hecho eco de la realidad de algunos campos, de como trabajan con los refugiados en los diferentes países por los que he pasado, de organizaciones, historias y experiencias.

Tras un poco de descanso retomo la bici y empiezo un nuevo ciclo en el viaje, el marcador ya suma 3001 y el viento me ayuda a llegar a Rostock, dejo la 105 llena de coches y me meto por una carretera secundaria con menos tráfico, con pueblos agrícolas, verde, arbolada y que pasa rápido ante mis ojos. La última parte la lluvia que he conseguido dejar durante todo el camino me alcanza, pero ya no importa, el cartel de Rostock se ve al fondo y los tranvías azules me guían hasta la hauptbahnhof de esta ciudad donde he quedado.

Toca comer un poco, comprar billetes al ferry, y comida para el viaje. Paseo por la ciudad y despedirse de un país que ha dado una buena acogida a los refugiados, pero que como cultura es frío. Si se combinase la calidez griega con la respuesta institucional alemana sería perfecto.

117km para concluir otra fase. A la noche viajaremos en ferry para despertarnos en tierras suecas. No será la mejor de las noches, ya que dormiremos en el suelo, pero la combinación nos ahorra una noche y me pone en carretera a las 7:30 para empezar un nuevo país.

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