Etapa 25: Dargardt-Hamburgo

Una etapa dura hasta Hamburgo. Pero con premio al final de camino, contactos el primer día.

Como tengo que salir pronto desde el pueblito de Dargardt, provoco que la familia Herrmann madrugue para desayunar conmigo.  A las 8:00 estamos todos en la mesa, charlando y despidiéndonos. Nos han cuidado como si fuésemos familia. Y sin pedir nada a cambio.

Llevo todo el viaje viajando al norte con viento en contra. Ahora voy rumbo al suroeste y ha sido la peor etapa de viento del viaje. Rodar a 25km/h como máximo es desolador.

He dejado la zona de Brandemburgo, he recorrido un poco de Mecklenburg Vorpommern, he entrado en La Baja Sajonia y en el departamento de Hamburgo. Para que os hagáis una idea, hace nada, yo ya tenía diez años cuando Alemania aún seguía dividida. Con el islote de Berlín, a su vez dividido, dentro de la Alemania del este. Me han contado historias de que la gente del oeste, podía campar a sus anchas, pero la del este se sometía al régimen ruso, con restricciones y medidas injustas. Mientras un lado progresaba, el otro se estancaba. Gente que en una misma ciudad, tenía condiciones opuestas por el hecho de haber nacido en una calle u otra. Me hace pensar que ahora está pasando lo mismo. ¿Por qué tengo más oportunidades por haber nacido en un país?

Mi etapa ha transcurrido por la B5, una carretera pequeña, cruzando pueblos, extensiones de campos. Enormes, pensad que esto es casi una llanura que transcurre con el Elba. He parado a los 35, 75 y 105km. Hay días en los que mejor no tener cuenta kilómetros, porque parece que no avanzas.

Cuando he llegado a Hamburgo he tomado un metro para ir al piso donde nos vamos a alojar. He preguntado a un hombre que anden tomar y justo iba en su metro, me ha dicho de ir con él. Hemos conversado durante las 6 paradas. Él era hijo de turcos que en su momento viajaron hasta aquí, sin saber el idioma, teniendo que luchar por integrarse. Ha salido el tema de mi reflexión, que afortunados somos de haber nacido aquí y qué poco conscientes somos de ello. Quiénes somos para negar la posibilidad a otros de tener nuestras oportunidades. Un hombre majísimo que me ha hablado de un proyecto que tiene el equipo local, El Sant Pauli, con refugiados. Trataré de visitarlo.

Cuando he llegado a la puerta de casa el marcador ponía 125km, hoy bien luchados. Casi sin asentarnos nos hemos marchado a una cita para que nos pusiesen en contacto con ONGs locales. Veremos que resultado nos da.

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