Berlín y sus campos.

Se ha hecho derrogar, pero al final Berlín me ha brindado de nuevo la posibilidad de ver el trabajo de diferentes ongs locales y tener una hermosa experiencia en uno de los campos, el de Treskowallee.

Viajar en bicicleta y disponer de tan poco tiempo en las ciudades suele ser un impedimento para visitar y contactar con ONGs y refugiados. En Berlín he estado dos días. Un primero poco fructífero, pero en el que he sacado información de organizaciones y un segundo donde he tenido contacto con lugares, organizaciones y refugiados.

Como ya vine anunciando en Dresden, el proceso de asilo en Alemania es muy diferente. Si bien es un país que está asumiendo la mayoría de los refugiados en Europa, si bien parecía que querían desentenderse de esta realidad. Me siento en la obligación de desmentir ciertas informaciones que hacen pensar eso. Por supuesto hay agujeros en el sistema debido a que no es posible dar acogida ni trabajo a los miles de refugiados que llegan al mes a Alemania. Pero así como en otros países cuyas políticas, según mi experiencia, van enfocadas a disuadir a los refugiados el solicitar asilo. En Alemania, aunque hay algunos países como Siria, Irak, Iran y Eritrea, que tienen más posibilidades, no cierran la puerta a nadie.

He acudido a la oficina central de Lageso, en Trumstrasse. Que viene a ser los servicios sociales de Berlín. También está Awo. En las dos es el primer lugar a donde van para informarse de los pasos que tienen  que dar para solicitar asilo. En ese lugar el año pasado había un campamento y hoy son dos carpas donde les atienden para darles información y en mi caso, varios esperaban al autobús que les llevaría a una casa para pasar una sola noche, la primera, para que nadie duerma en la calle. Luego regresan a Lageso para que les recoloquen en alguno de los Haims o campos que hay. Según sea familia, joven, mujer, hombre, homosexual…

No nos han dejado ver ni hablar con lo refugiados, pero el policía de la puerta ha sido muy atento y nos ha explicado su trabajo muy amablemente. Después de eso hemos ido a buscar a Hector. Él nos ha llevado al haim donde trabajaba con niños. Ubicado en la salida de metro de Britz. Unos 50 niños son atendidos ahí. Alojamiento, clases e integración en la sociedad. Debe ser uno de los mejores en cuanto al ambiente que se ha generado entre los adolescentes y los voluntarios, ya que muchos quieren ir a ese. Nos han contado que hay más de 4000 sólo en Berlín.

Nos ha hablado de la posibilidad de ver otro con transexuales, pero incluso la ubicación es secreta para que nadie pueda encontrarlos.

Nos hemos despedido de Hector, un chico colombiano implicado en la causa social y sobre todo refugiada y hemos regresado al hostel donde la recepcionista, Victoria y madrileña, nos ha puesto en contacto con Marta, otra madrileña y periodista, interesada en los refugiados y en conocer un poco más sobre mi proyecto. Los tres nos hemos ido primero a Samaritanstrasse en busca de otro haim, pero no ha habido suerte. Casualidades hemos visto una dirección en internet y hemos subido a preguntar, ellos nos han dado la dirección varias paradas de metro de ese lugar. En concreta bajando en Tierpark y la dirección Treskowallee 8. Un campo que era provisional y lleva meses, aunque en agosto desparecerá para ubicar a los 190 hombres en otros campos de Berlín. Allí trabaja otra ong, con un pequeño componente religioso, pero con ayudas de Lageso y de gente del barrio. Se llama Sozdia. Nina, la mujer responsable ese día nos ha explicado su trabajo, como hacen actividades y les ayudan a integrarse, como tratan de hacer más fácil su estancia en el pabellón de la universidad HTW. Una cancha de baloncesto con sábanas haciendo de muros y muchas literas entre sus paredes.

Nos ha presentado a Sajad, un joven iraní, hastiado de las religiones y huido de su país porque allí no hay otra opción que ser musulmán o si no eres preso. Una tarde de conversaciones en la que poco a poco la curiosidad ha ido atrayendo a más refugiados y que ha terminado sentados y comiendo arroz con ternera guisada con ellos. Por ejemplo Samir, un hombre de 50 años que ha viajado solo para poder traer a sus cinco hijos que aún continúan en Damascos. Ha lavado su plato y me lo ha ofrecido para comer arroz, después me ha enseñado su habitación compartida con Mortase y Hashib, dos chicos afganos. Todo sin hablar él inglés ni yo árabe. Shokran Samir!!! Un remate perfecto para Berlín.

De regreso al hostel, Marta, Sheila y yo comentábamos que gran experiencia y que actitud tan serena tienen todos con los que hemos hablado.

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