Etapa 22: Dresden-Elster (Elbe)

Hay días que se te junta todo, y a pesar de ello, no lo cambio.

La idea es hacer 100km llanos, suena el despertador, me levanto, desayuno y parece ser que antes de las 8:00 estaré en ruta. Pero no, la cama me mira, me atrae y caigo rendido hasta las 9:00. Con lo que a las 9:40 estaba en marcha.

Las cosas pasan por algo, si hubiera salido puntual, no habría conocido al hombre más interesante de todo el viaje. En un cruce de carreteras me paro a comprobar que estoy escogiendo la ruta adecuada y en ese momento un anciano me pasa con una bici muy vieja y una bolsa de rafia en la cestab trasera. Hasta ahí todo normal, he visto muchos de esos y sobre todo en Alemania que creo que la gente se mete a la cama con la bici. Hay una subida de unos dos kilómetros, la etapa está comenzando y aunque no voy rápido, tampoco voy lento y el señor levantado, rikirak rikiraka llega hasta arriba delante mía. Cuando me pongo a su altura, os lo describo porque no me ha dejado hacerle foto. Imaginad un hombre huesudo, alto, con calva, pero melenas y barbas grises, recias y largas, una cara llena de arrugas y unos ojos pequeños pero sonrientes. Una camisa de cuadros azules y blancos pequeños remangadas, un pantalón de pescador azul y chancletas. Una bici de más de 80 años, oxidada y verde esmeralda, uno de los pedales es sólo el eje.

En la bajada lo pierdo y pienso que se habrá metido por un camino. Yo sigo por carreteras locales, pasando pueblos minúsculos, tranquilos, con sus abuelos en bici y sus flores en las puertas y hacia los 26km me paro a hacer una foto a un bombero hecho de paja y el hombre pasa a su ritmo de crucero. Entonces voy hasta él, me pongo a su lado y le pido si le puedo fotografiar, me dice que no, pero nos quedamos hablando. Yo creo que dentro de doscientos años ese hombre seguirá con la misma bici sorprendiendo a algún viajero, creo que es atemporal. Me cuenta que ha ido a dedo hasta cabo norte varias veces, hasta Egipto también, donde ha llegado a pasar 13 inviernos porque dice que es muy barato vivir y le gusta el ambiente, muchas aventuras por el mundo. En la bolsa de rafia lleva películas y discos. Ha ido esa misma mañana en bici a 45km de su casa, ha comprado los discos y de regreso otra vez. En un cruce desaparece y deja su estela de magia en el aire.

A partir de ahí me quedaba llegar a Herzberg a 60km de una bonita experiencia. El día era ventoso y llegar a ese lugar me ha costado mucho. Al poner la calle, me dice que no existe en ese pueblo. Y con razón, reservé en otro Hezberg muy lejos de ahí. Cancelo y miro a ver que hay, pero todo es carísimo. Así que lo más normal está a otros 40km. Le meto un plátano, un donuts y un strudel al cuerpo y modo ahorro para llegar. Hoy el viento soplaba mucho así que dos horas más que han terminado en la pensión abandonada de Elster.

Por suerte una de las puertas estaba abierta y uno de los cuartos también. Me apaño bien y es más que suficiente. Al rato me llega un email, que la habitación en la que he entrado ya está lista para su uso. Las toallas y sábanas del suelo no me dicen lo mismo, pero me vale.

Así que me han quedado 137km con dos anécdotas que se irán conmigo. Mañana Berlín.

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