República Checa, Praga y el campo de Bela pod Bezdezem

El día anterior a llegar a Praga, escribía al contacto que me habían pasado y todo me hacía pensar que iba a ocurrirme como en Budapest. Pero la realidad es que he vivido una experiencia muy buena en esta ciudad.

Como ya os conté ayer, sin haberme situado aún en el hostel y con toda la ropa mojada, una de las chicas del grupo local que trabaja con voluntarios, me dice que van a la estación de tren a recibir a una familia siria. Metí todo en el armario y me marché directo a la estación central, Hlavni Nadrazi. Allí conocí a Aneska, tres Zuzkas y un chico sirio, Yassir, que llevaba cuatro años viviendo en Praga. En resumen este grupo nació en septiembre del año pasado con siete amigos que querían recibir a los refugiados que sueltan de los centros de detención y llegan a Praga sin saber que hacer y sin dinero. Desde entonces hasta hoy, ese grupo alcanza decenas de personas que hacen guardias desde las 4 de la mañana hasta las 12 de la noche. Los refugiados ya saben de ellos y cuando salen de un centro les llaman. A su llegada les llevan a comer algo, si es de noche les buscan un sitio donde dormir y les compran un billete hacia donde quieran ir. En el caso de ayer, el chico afgano quería ir a Austria, pero como la situación no es muy buena para los refugiados allí, le aconsejamos seguir hacia Alemania. Este grupo no tiene una asociación oficial, pero tienen este facebook.

Su labor me pareció increíble. Y me pusieron al corriente de como funcionaba la República Checa. Aquí hay tres tipos de campos: de detención, de solicitantes de asilo y los que han recibido asilo. Hay un hecho curioso y es que en este país no quieren refugiados, pero hacen una búsqueda muy exhaustiva de ellos en trenes, autobuses y coches. Cuando los interceptan los llevan a los centros de detención. Luego de tres meses les dicen si quieren solicitar asilo, si no quieren les dan siete días de visa para que salgan de país. Si quieren pasan a los segundos campos durante seis meses para ver si se lo conceden.

Gracias a una de las Zuzkas, me dieron el nombre y número de uno de los refugiados en un campo, Bela Pod Bezdezem, y la forma de poder pasar a verlo. Así que esta mañana he ido en tren hasta allí y con la bici me he acercado hasta el campo. Aquel lugar es una prisión en toda regla. Un terreno vallado, con seguridad y perros. Al llegar, en la puerta tengo que llevar el nombre de un refugiado , si no no puedo pasar. En mi caso las mujeres de seguridad no estaban por la labor, pero por suerte he conocido a la abogada de otra ong que luego os añadiré su información, y ella les ha explicado para que me faciliten el acceso. He tenido que esperar en la calle una hora y media hasta que un hombre del Yemen que trabaja como traductor ha venido.

El acceso ha sido previa firma de aceptación de normas, quitándome cámaras y reviusando la comida que llevaba. Así que fotos muy escasas. Luego he pasado varias puertas de seguridad y me han pasado a una salita a esperar a Kamaran Sallah, un iraquí que viaja con su mujer y sus dos hijos. También han venido dos amigos suyos, Awat y Aram. He estado una hora charlando con ellos. Me han contado que llevan cuatro meses viajando en coches desde Iraq hasta ahí, que han pasado muy malas experiencias, pero la peor en este país. A 20km de la frontera con Alemania pararon su furgoneta y les arrestaron. Zuzka me dice que la mayoía de los refugiados vienen sin documentos. No sabe si es que los traficantes, o en algunas fronteras se los quitan. La cuestión es que directamente los llevan a estos centros, en la República Checa hay tres, y les cobran por estar 10€ al día. Les detienen y les obligan a pagar por estar encerrados, sin moviles hasta que en un periodo de tres meses les hacen elegir si solicitar asilo o seguir. Y la pregunta es: ¿si les van a dejar marchar a los tres meses, por qué les encierran y les quitan su dinero? Según la ong, lo hacen para que los refugiados ni se planteen pasar por aquí. A la hora me he despedido de ellos y espero que lleguen a su destino deseado en Alemania.

Después he regresado a Praga donde he quedado otra vez con Zuzka para darle la lista de cosas que les pedían desde dentro, sobre todo zapatos y ropa.

La experiencia en este país es agridulce, por un lado ves un trato injusto, desproporcionado y segregacionista por parte de los estamentos y por otro ves una respuesta muy buena de organizaciones locales por los derechos de estas personas.

 

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