Etapa 17: Toltéstava-Bratislava

Una nueva frontera más en el camino. En el paso de Hungría a Eslovaquia, en Vamoszabadi, ahí hay otro campo de refugiados. Obviamente no me han dejado pasar pero he podido hablar con Amir y Magnar

Hoy no he madrugado mucho, porque el pueblo en el que he dormido era la calma absoluta. En una tienda local he comoprado algo para desayunar y he tomado el café con la chica de la casa. Me he lanzado a preguntarle que opinaba de los refugiados: “Catastrof”, esa ha sido su palabra, con el traductor del movil, hemos conseguido llegar al mismo punto, que están sufriendo. Ellos en concreto están acogiendo de vez en cuando y donan dinero al mes para ayudar. Me deja buen sabor de boca antes de empezar la etapa.

Me acerco a Gyor, donde según el mapa de Migszol hay un campo, pero ya lo han quitado y ahora es el lugar donde van a hacer los papeles de asilo. Sigo camino hasta la frontera a ver si en Vamoszabadi hay otro. Tengo suerte y hay uno. Es un antiguo edificio militar, vallado y en el que se llegan a refugiar a 400. Ahora hay solo 35, todos se han marchado.

Hay dos chicos afganos, Amir y Magnar. El primero lleva dos meses y me confiesa que es el peor lugar donde ha estado. Ya le habían pegado en la frontera de Bulgaria los policías, pero ahí es como una prisión. Dice que en Serbia, tanto la policía como la gente les trata muy bien. Él tiene a su hermano en Budapest y no le dejan ir con él.

Lo de Magnar es peor. Lleva dos años en Hungría. El primer año y medio lo pasó en la cárcel. Según me cuenta al llegar lo metieron en la cárcel y tuvo que gastar la mayoría de sus ahorros para el abogado. Luego le trasladaron a ese campo, en el que esta desde hace seis meses y dice que le cobraban 20€ al mes hasta que se le acabó el dinero. Y lo peor es que tiene a su hermano de 14 años, sólo en Budapest, cuando estaba en Turquía se perdieron y ahora han entrado en contacto, pero su hermano no puede salir de Serbia. Voy a ver si mi contacto en Belgrado me puede ayudar a reagruparlos. Magnar sueña con ir a España.

Después de hablar con ellos ya cruzo la frontera. Unas aduanas abandonadas, sólo un coche de policía y ni siquiera me piden el pasaporte. Entro de nuevo en zona euro y por dos días no tendré que hacer conversiones mentales.

Desde la frontera hasta Bratislava seguiré la 63 a la derecha del Danubio. Último día que viajaré con él. La carretera es comarcal, de nuevo me encunetro con campos de cereal por cosechar y pueblecitos tranquilos. En uno de ellos se celebra algo y entro a ver que hacen. Casualmente es una minoría húngara que se han juntado. Niños vestidos de forma tradicional, una misa y un momento en el que todo el mundo se levanta al oir una canción. Le pregunto a una chica que suena y me dice que el Himno húngaro y que en el interior de la iglesia hay una réplica de la corona austrohúngara, de la cual se sienten muy orgullosos. De una minoría refugiada a otra, aunque con diferente estatus, conviviendo y en algunos casos sinviviendo.

Continúo camino y maravillas del destino un avión antiquísimo aterriza en una pieza de cereal cuando paso con la bici. Voy a curiosear y parece el Barón rojo, no el mitico, otro más moderno y de la guerra.

Ya toca apretar los dientes que tanto parar me ha vuelto a poner a las 15:00 y lejos de Bratislava. Pongo ritmo crucero y a las 17:00 llego a la puerta del hostel donde dormiré hoy. Varios extranjeros, muchos conejos y crónicas.

93km llanos, favorables y que me han gustado a todos los niveles.

Día 26

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