Budapest

El viaje ha transcurrido como me lo esperaba, gran respuesta de los ciudadanos hacia los refugiados y del “acceso a los campos”. Desgraciadamente, también ha ocurrido lo que me temía, que Hungría no iba a ser tan favorable.

Ayer llegué a Budapest con la intención de ver como era la respuesta del país, de esta ciudad, de su gente y de las ONGs locales hacia los refugiados.

Desde Belgrado me traía un contacto que trabaja en la ONG que os he presentado, Migszol, fue difícil poder quedar con ellos durante la tarde y hasta la noche no dieron señales de vida. Quedé en que hoy me explicaran el funcionamiento. Así como en Belgrado Mirjana y Stiof me acompañaron y dedicaron su tiempo para poder llevarme una idea del trabajo y situación en la ciudad en el país, hoy no he tenido suerte y no han podido enseñarme. Primero porque no debe haber campos en la ciudad y segundo porque los campos que hay a las afueras y por las fronteras del país, tienen el acceso restringido a todos excepto alguna organización y abogados.

Aún y todo hemos elegido uno, el de Bicske y hemos ido con la furgoneta de Juandi. Ya en la puerta su primera palabra ha sido no. Ni hola, ni qué queremos, no. Hemos tratado de explicarles el proyecto, pero sin papeles nada. Con lo que nos hemos quedado con las ganas de poder ver el trabajo de ese campo y sus condiciones. En este caso es un campo cera de un polígono, vallado con alambre de espinos y con control. Eso sí, el campo es abierto y ellos pueden salir y entrar a su gusto. De hecho han salido tres pakistaníes a comprar y habían estado en Quíos y me han reconocido de cuando estuve en Souda haciendo entrevistas. Fotos, risas y abrazos. Nos invitan a comer con ellos, pero les decimos que no nos dejan entrar, me ofrecen su carnet de la puerta, pero ya saben que no. Con pena les dejamos entrar y vista la situación nos marchamos.

No iba a ser posible ver ni un campo, tampoco Budapest en una tarde. Lo mejor que hemos hecho es comprar algo de comida y relajarnos con la furgoneta y hablar de viajes y sus adversidades.

Al atardecer llegábamos a Budapest, una ciudad por la que de nuevo navega el Danubio y que su monumentalidad impresiona y nada tiene que envidiar a cualquier capital europea. Sé que tengo una cuenta pendiente con ella. Lo único que me queda es observar un macro encuentro en uno de los puentes, donde todos comen, beben y ríen. Realidades paralelas allá donde vaya.

No creo que tenga mejor suerte en Gyor, en la frontera con Eslovaquia, pero lo intenataré en dos días, por lo menos una foto del campo para mostrarlo y que podáis ver que en Hungría, a pesar de que ellos lo niegan y de que su trato no es el mejor, también hay refugiados.

BUDAPEST Y SUS CAMPOS

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