Etapa 14: Subótica-Solt

Dovidenka Serbia, halo Hungría. Dejo un país amable y preocupado por los refugiados a la espera de ver que me deparará la terrible Hungría de la que hablan ellos.

He madrugado para aprovechar el buen día, antes de las 8:00 rodaba camino de Kelebija y justo antes de la frontera veo una bici con alforjas. Me pongo a su lado y le saludo. Un chico alemán que viaja desde Irán hasta su casa en Dresden. En la frontera me paro a hacer las últimas fotos a lo poco que me dejan los policías de frontera. Le explico cual es el motivo de mi viaje y lo curioso es que viniendo desde Irán es la segunda vez que ve refugiados en todo el camino.

La conversación está servida, ya que el procede del país hacia el que la mayoría quiere ir. Ese debate de qué debemos hacer con los refugiados. Sale una conversación interesante, y supongo que influye en pensamiento positivo, el que haya entrado en contacto con personas de países que hoy plagan los campos de Europa.

En la frontera, la actitud de la policía es autoritaria, me hacen abrir las alforjas de malas maneras. Les respondo con sonrisas y funciona. Pero pienso que si a mi con pasaporte europeo, viajando en bici, me tratan así, que no habrán hecho con ellos. Como ya comenté el otro día han creado una ley para devolver a Serbia a refugiados que por alguna razón decidan que son sospechosos. Algo totalmente ilegal.

Seguimos camino y viajar en compañía lo hace más fácil, a pesar de ir más lentos de lo normal, los kilómetros y el tiempo vuelan. Paramos en Kiskunhalas y tomamos algo para descansar.  De nuevo otra moneda, el florín húngaro, ya van tres países con otra divisa y me quedan tres más. Tanto euro, tanto euro y tengo ya la cabeza hecha un lío de hacer conversiones.

Por el camino paramos otra vez más y lo cierto es que la gente también es amable. Pero claro, lo ideal sería que fuesen amables con todos, no sólo con unos. En ese aspecto me fastidia, porque los prejuicios y el racismo afectan generalmente a los más desfavorecidos.

En Kiskoros nos separamos, Norman, se queda en un camping de esa ciudad y a mi me quedan aún 35km. Tanto rato en compañía no me había percatado del viento, pero al final de etapa ha pegado bastante. Suerte que era llano y me ha lanzado hacia Solt. A 22km me he parado a comer una hamburguesa y con combustible he tirado hasta este pueblo al oeste de Hungría.

Hoy duermo en un apartamento que una mujer ha montado en su casa para tener un ingreso extra. Ella me pregunta cuál es mi viaje, le explico y saco a relucir el tema de los refugiados. No sé si es contraria, pero su forma de negar que en este país haya refugiados, me hace pensar que no simpatiza mucho. Le digo que hay en todos los países y que casi seguro haya en Budapest. No sé si le gusta la noticia.

Al final 110km y a un suspiro de la capital magiar, ansioso estoy de ver que habrá en Budapest.

Día 22

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