Richard Zambrano

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Richard es una de esas personas que han conseguido llegar a su destino. Él vive en Pamplona junto a su pareja.

Nacido en Caracas hace 35 años, Richard no quería salir de Venezuela, pero el cúmulo de malas experiencias y las vejaciones sufridas en el aeropuerto a punto de tomar un avión para visitar a su pareja en Pamplona, hicieron que un viaje de turismo se convirtiese en una solicitud de asilo.

Gracias a la Cruz Roja tuve la suerte de entrevistarle y él no dudó en abrir su experiencia y querer ser un ejmeplo para gente que se encuentre en su situación. Ahora ya tiene otro amigo en mi.

Richard es homosexual, él ya lo sabía desde muy niño, pero Venezuela y su gobierno no para de lanzar mensajes homófobos que calan en la población, sobre todo la que menos recursos tiene. Su país tiene un problema social, mucho odio entre clases y entre partidos de la oposición. Allí se juega con la ignorancia y la necesidad de la gente. Con lo que se convierte en el día a día, el ocultar su condición.

A los dieciséis años tuvo una hija y la madre la abandonó, así que se le junto confesar en su casa que era homosexual y tener una hija. En su caso, su madre fue su mejor apoyo, jamás le dio la espalda. Y jamás ha ocultado a nadie de su familia ser gay, con lo que en ese aspecto ha vivido en un refugio dentro de una sociedad homófoba. Mientras estudiaba recursos humanos, ejercía de padre, y de hijo adolescente. Su madre le puso los pies en la tierra muchas veces para que no se olvidará de que era padre.

Ha sido muy duro para él tener que ocultar en la sociedad por miedo a ser golpeado. De hecho ya le dispararon en la pierna y no entiende como una persona tiene que sufrir eso por amar. Necesitaba un descanso y su pareja que esta becado en Pamplona fue la excusa perfecta. Trabajó muy duro para venir hasta aquí.  En el aeropuerto los guardas le llevaron a una habitación donde le vejaron y golpearon. Aquello fue el detonante absoluto para no querer volver. Llegó con miedo, tuvo que dejar a su hija, a la que hecha de menos y a la que quiere traer. Él quería venir por deseo, no por obligación como lo ha hecho. Ama su tierra, pero odia la diferencia social, lo que se hace con los homosexuales y la inseguridad. No es fácil temer que te pase algo todos los días. Allí es peor la policía que los delincuentes.

“He venido aquí y pensaba sentirme un inmigrante, pero han sido precisamente las personas de aquí las que más me han acogido y los extranjeros los que más recelo tienen en su mirada. Aquí le doy mucho valor a la tranquilidad que hay, el dinero y otras cosas tienen solución, pero eso no”.

“No entiendo porque ser homosexual, me lleva a prepararme más a tener que demostrar que valgo más que otros”. Su familia es un ejemplo y siempre le ha apoyado, desde que se lo dijo, incluso su hija, que desde pequeña lo sabe y entiende y respeta a su padre.

“El mundo está muy mal, necesita humildad y que no nos matemos entre unos y otros y lanzándonos al abismo. Es muy duro tener que dejar tu casa y llevar tu vida en una maleta por temor”.

“Esto me ha hecho más tolerante, soy diferente a unos años atrás y entiendo más a esta gente que ha escapado de otros sitios como yo. Siento su dolor. Aquí estoy triste todas las noches de momento”. Lo bueno es que su novio, ha decidido quedarse con él cuando acabe la beca y no le importa rehacer su vida en Pamplona.

“No creo que Venezuela mejore, implica muchos años para cambiar muchos problemas de pensamientos sociales, raciales y culturales. y no sé si quiero volver, quiero empezar mi vida y asentarme aquí”.

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