SARA ALI Y MOHAMED ABDALLAH

Mohamed, Sarah y Saed

Esta familia con cuatro hijos ahora vive en Pamplona. Son muy felices y esperan lograr la estabilidad que la guerra les ha quitado.Esta historia contiene nombres, lugares y fechas falsos. Quieren mantener su identidad oculta por temor que les encuentren. Su país de asilo es otro y su llegada a España también.

Él era conductor y ella ama de casa. Son de hijos palestinos, pero ellos nacen en Líbano. Sus padres salieron hace muchos años por culpa de la guerra. Allí, en el país de acogida, viven todos los refugiados juntos. Es muy difícil llegar a ser parte de una cultura si no te dejan integrarte en ella y te mantienen apartado. Aunque hayan nacido en Jordania, los tratan como palestinos. En Líbano no los quieren ni en trabajos ni en la vida normal, a palestinos y tampoco a sirios.

El transportaba alcohol y tabaco desde Irak hasta su país de acogida, la gente fuma y bebe y hay negocios, pero como está mal visto por la religión a él se le trata mal. A su vez, es familia de un líder de una facción de guerra siria y aunque el no comparte ni respeta lo que defiende esa facción siria, le hacen la vida imposible. Con lo que la policía, por tener ese apellido, ese negocio y a veces venir de Irak,  le persiguen, le arrestan, le torturan. “Allí la policía hackea tus cuentas y te controla y anula todas si no pone lo que les gusta”.

Ellos salieron por separado. Él tres días antes vía Egipto clandestinamente y a pie hasta un camión que le llevase. A los días se juntó con su mujer en Turquía. Tuvo que salir a escondidas del país, para la policía, su pasaporte aún consta en Líbano.

En Pamplona son felices y tienen tranquilidad, ellos quieren volver a Palestina algún día, pero no saben cuando habrá paz. Quieren una vida mejor y para todas las personas, estar como ellos ahora y que sus hijos sean libres de hablar. Ya que allí no hay libertad, te torturan por decir cosas contrarias al gobierno y si no te callas y te quejas, tienes problemas.

Antes de la entrevista, Santi, de la Cruz Roja, me dice que ella habla inglés. Cuando llego hay un traductor del árabe. Pero las ganas de integrarse de esta familia les lleva a pedirme que ni inglés ni árabe. Que hablemos español para aprender más. El traductor se marcha y a pesar de llevar poco tiempo, hacemos la entrevista en español. La capacidad de supervivencia y ganas de trabajar son asombrosas.

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