POULINE KANOUNJI

 

Pouline

A las tres de la madrugada llegó una barca de plástico minúscula con 25 personas. Muy diferentes clases, religiones y culturas. Allí viajaba Pouline. Después de atender la barca, Pouline confía en mí y me pide que le ayude. De su mochila saca una caja con insulinas. Es diabética y teme que su medicación se estropee para cuando la necesite. Le acompaño a capitanía, el edificio donde han pasado dos horas esperando ya que los del frontex sospechan que en su barca viajaban dos traficantes. Tras dos horas de espera, los dos sospechosos se marchan y los refugiados son llevados a la campa de siempre.

De familia cristiana en un país donde el Daesh los persigue y mata. Está triste y cansada de huir, de tener miedo a la guerra. Es la única de las personas que he entrevistado que acepta a Alhassad, dice que respeta a los cristianos y que con él se han sentido algo protegidos.

Ella viaja junto a sus tías, sus hermanos y su madre la esperan en Suecia. Su padre sigue en Allepo. Está preocupada por él, porque hace dos días que no contactan.

Estaba estudiando turismo, pero la situación insostenible, el temor y sobre todo que una bomba destruyó su escuela la forzaron a huir. Fue duro ver quemarse el lugar donde estás estudiando tu futuro. Ahora ya no sabe si quiere seguir estudiando eso.

Su viaje: De Allepo a Libano en bus. De Libano a Estambul en avión. De Estambul a Ismir en bus. Cuando están en Turquía les dan teléfonos para que llamen a traficante. Todos los viajes le cuestan 1500€.

No cree que Siria haya muerto, y espera que algún día se arregle. Si lo hace, quiere volver.

Lo primero que quiere es que la guerra se acabe, como todo el mundo que huye. Pero en estos momentos no piensa en su vida, piensa en llegar a Suecia, una vez allí, ya se sentará a pensar que es lo que realmente quiere. Primero sentirse a salvo con su familia. Creo que ella tiene la suerte de venir de familia de dinero, de tener familia en Suecia y de ser cristiana. El argumento de sentirse amenazadas en los campamentos, les permite no estar en los campos y poder dormir en otro lugar. Uno no sabe si es cierto o simplemente aprovechan la suerte que la religión les da para tener un salvoconducto. Supongo que cualquiera con tal de escapar y sentirse a salvo haría lo mismo.

Lo que me entristece, es cuando le digo que ahí todos están igual que ella, que tiene que confiar en la gente sea cual sea su religión, ella me dice que no confía en nadie y menos en ellos (señala a la gente musulmana), intuyo que por culpa de unos pocos que hacen daño a las personas de otra religión, han pasado mucho miedo, y eso termina por llevarte a generalizar y pensar que todos pueden hacerte daño.  No sabe si llegará a confiar en todos.  Se ha cansado de ayudar a los demás. Ahora sólo quiere ayudarse a si misma. Estoy seguro que en el momento de contarme su historia está muy cansada y tiene miedo, pero creo que ese pensamiento cambiará hacia la persona buena que veo tras su sonrisa y su mirada.

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